Monday, July 9, 2012

9 de julio de 2012

ran, suponiendo que su auténtico interés, el que los afirma como eprsonas y en el que se reconocen, está en otro lado.
Un hermoso pastel señala el centro hueco del cuadrado que forman las mesas. Tres lados son irregulares: los configuran las pequeñas mesas redondas con sombrillas. El otro es la mesa principal. Tiene hasta un toldo. Mercedes y Luis ocupan el resto de las mesas y Mercedes y Luis levantan un brazo para saludar a los que están más lejos, sonríen, hacen bromas. Hay un momento de seriedad cuando se levantan a partir el pastel porque la tarea es difícil y además de sus padres, fray Alberto los acompaña.
La tía Eugenia se ha perdido en su papel. Es demasiado ella, imponente suntuosa, sentada junto a María Inés que la adora y en la que se reconoce, admirada por sus sobrinos, ocupando el lugar de su hermano muerto al que sabe que representa, mientras María Inés le habla y en cada inflexión de su voz ronca, en cada risa, en cada uno de sus gestos, ella advierte un secreto del que participa y del que no necesita saber nada porque siempre ha sido suyo y crea esa distancia, llena de simpatía y comprensión, entre José Ignacio y ella, desde que es Eugenia. En cambio, para Delia el desayuno tiene algo fantasmagórico. Incontables fechas se mezclan y se confunden en esa mañana. Sin poder precisar ninguna figura en un ininterrumpido desfile, es ella misma en el antiguo casco de la hacienda y ve a José Ignacio en Luis y de pronto a su hermano y luego es la boda de Eugenia. Las cosas se diluyen, se pierden, cuando deberían mostrarse más nítidas. María Inés le ha dicho a Mercedes que le dé un beso a su tía al servirle el pastel y Delia no supo a quién besaba. Después, se sintió culpable. Sus sobrinos nietos son tan bonitos y dulces, distintos a todo lo que pueda recordar. No se parecen más que a sí mismos. Pero mientras come, Delia teme que en casa de José Ignacio no sabe dónde está y necesita a Eugenia. Ve entonces a Esteban en una mesa cercana y se siente mejor.
Esteban ha conseguido un lugar junto a Cristina. El desayuno le es ajeno. No ha podido dejar de admirar la elegancia de Mercedes y Luis cuya actitud en la misa recuerda, pero antes dque nada le interesa de ellos que sean hijos de María Inés. El espacio desconocido en el que esa figura habita está nimbado con todos los atractivos. Reunir los hilos, tener evidencias, conocer hechos, ¿para llegar a dónde? Se ve avanzar a alguien cuya presencia se destaca y es una posibilidad. Toda certeza la disminuye; pero la misma posibilida

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