---Y nosotros nos vamos, Esteban ---dice Eugenia---. El chofer de María Inés y José Ignacio nos va a llevar.
Por un momento, Esteban no sabe qué hacer. Se atreve a mirar a María Inés, pero ella no parece estar esperando más que su respuesta. Es fray Alberto el que interviente.
---Tú te quedas.
La que se levanta ahora es Cristina.
---En cambio yo me voy, María Inés. Le daré a Santiago el disgusto de contarle qué bonito fue todo.
Se despide dedicándole unas palabras amables a Esteban y también Eugenia y Delia lo hacen, recibiendo besos de todos. María Inés las acompaña. Esteban la mira alejarse entre sus dos tías, con su hermana. José Ignacio suspira y se sienta en la mesa. Fray Alberto y Esteban lo imitan. Distorsionando el espacio, como si sus movimientos ocurrieran muy lejos y obedecieran a un ritmo distinto, los niños atraviesan el jardín corriendo en diferentes direcciones. Sus gritos y risas se distienden en el aire y luego se dispersan, devorados por un silencio que parece haber descendido sobre la casa. La primera comunión ha ocurrido en otro lado. El monje liberal con su hábito arbitrario, el fotógrafo y el dueño de la casa miran hacia el jardín donde juegan los niños. El dueño de la casa ordena a un mesero que sirva bebidas.
---Todo se va ---dice José Ignacio.
Fray Alberto se ríé.
---Ése es el título de una canción americana de mi época. ---comenta.
Esteban se pregunta porqué se ha quedado y cómo hará para irse cuando regrese María Inés. Como si se cerrara sobre su figura, el espacio se centra alrededor de ella. Apoya los codos en la mesa y extiende los antebrazos hacia adelante entrelazando las manos.
---¿No les da vergüenza? ---dice, señalando las bebidas.
Para Esteban el mundo ha adquirido peso y sentido otra vez. Ella es una adivinanza. No tiene lugar ni le pertenece a nadie. Tampoco importa. Está allí simplemente y se ignora a sí misma. Ocupa el sitio de dueña de la casa entrando a él porque se lo han dado. Sentado en la misma mesa, bebiendo whisky demasiado temprano, Esteban carece también de lugar. ¿Dónde pueden encontrarse? En su papel, hay una adorable y sonriente seguridad en María Inés, pero no es menos un papel por eso. Esteban lo sabe y la mira.
---Por mi parte, yo perdí toda vergüenza hace mucho ---dicen en tanto fray Alberto.
Se levanta con su hábito blanco y negro, rodea con un brazo los
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