a casa de José Ignacio y María Inés. Luego él, Esteban, odría traerlo de regreso a su coche, que se quedaría estacionado frente al convento como si ése fuera su lugar. La sola mención del nombre de María Inés irrita a Esteban.
---Yo no pensaba ir ---dice.
---Vente. Después podremos conversar ---insiste fray Alberto.
Es como una desgana. De pronto, Mariana se ha alejado y María Inés ocupa su lugar. Pero entonces le gustaría estar cerca de María Inés, mirarla junto a José Ignacio, con sus hijos, saber por qué sus tías la quieren tanto y contarle luego todo a Anselmo. Algún día, María Inés tendrá que hablarle a él a solas.
Afuera, la familia se ha acomdodado ya en el automóvil de José Ignacio. Evodio cierra la puerta y ocupa su lugar frente al volante. Con fray Albert a su lado, Esteban se acerca a la ventanilla y le dice a su tía Eugenia que irá al desayuno.
---Claro, Esteban. No sabes cuánto me alegro. Tú siempre tan aislado ---dice su tía.
---Yo también me alegro ...agrega José Ignacio sonriéndole.
Desde su lugar, através de la ventanilla, Esteban ve a María Inés sentada junto a su hijo. Tiene la pierna cruzada y su falda deja ver sus muslos casi por completo. Varios coches más arrancan ya. Esteban y fray Alberto se dirigen hacia el pequeño automóvil de aquél.
---Cuéntenle a su tía cómo se sienten con Dios adentro, niños ---dice Eugenia apenas el coche se pone en movimiento.
---¡Tía! ---interviene María Inés casi como un cumplido.
---Hablo en serio ---sigue Eugenia---. Aunque no parezca, yo soy creyente. Voy a confesarme antes de morir. Y espero encontrar a todo el mundo en el cielo. Ahora mismo, si no me fuera imposible arrodillarme ... Todavía recuerdo mi primera comunión. ¿Te acuerdas tú, Delia?
---Perfectamente ---contestó Delia.
---Es mentira. Tú has olvidado todo ---la interrumpe Eugenia.
---Fue en la hacienda... ---sigue Delia.
José Ignacio se ríe:
---Y desde entonces no han dejado de pelearse...
Sentada junto a su padre adelante; sentado junto a su madre atrás, Mercedes y Luis miran contentos a sus tías. Entre la primera comunión y el presente hay un rompimiento que no advierten. Ha llegado el momento de los amigos y el desayuno. Luego permanecerá un vago recuerdo. Mercedes lo demuestra:
---Yo sí me emocioné ---dice.
---Se notaba ---comenta José Ignacio dándole un beso.
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