ras en las que regresaban los fantasmas, pero fantasma ella también mientras recorría su vientre, subía a su pecho y se quedaba quieta oyendo su corazón a través de la piel, sólo de la piel, y bajaba muy despacio por su flanco hasta perderse bajo el calzoncillo. Era adela a su lado, no un fantasma, no alguien que regresaba, sino alguien que siempre había estado a su lado, y él no podía decir nada. Tampoco era Adela, era él mismo despertando bajo esa mano y sintiéndose otro sin saberlo. los vellos que empezaban a salirle sobre el pubis y le picaban continuamente fueron una vía hacia su primera erección provocada. La mano se apartó entonces. Evodio se quedó quieto en la oscuridad.
Es imposible delimitar cuál es el verdadero plano en el que se desenvuelve la vida. Adela se dividió en dos, pero u na se hacía invisible siendo la misma de todos los días y la otra resultaba inaccesible, desde su extrema cercanía se encerraba en un mutismo y una distancia insalvables. La noche en que Evodio tendió tambie´n una mano hacia ella, la segunda noche, después de mirarla todo el día sin reconocerla, esperando inútilmente un signo de complicidad sintiéndose culpable, dudando de que hubiera ocurrido algo fuera del sueño, yendo al baño en la escuela para encontrar a tra´ves de los años en el olor la huella de su hermana y regresando con los demás más solitario que nunca después de haberse acariciado el pene, envuelto por el olor y fuera de sí y del tiempo, Adela lo rechazó sin apartar la mano del cuerpo de él. Evodio volvió a quedarse quieto, aceptando el rechazo. Podía sentir en la oscuridad la respiración de Adela, anhelante como su mano, unida a la de él. Sereno quedaba aparte, el mundo quedaba aparte; pero él y Adela también estaban separados. Luego era sólo su cuerpo adolorido y solitario el que entraba al sueño. Pasó mucho tiempo antes de que eyaculara por primera vez en la mano de Adela. Los dos planos se habían hecho inintercambiables. Por la mañana, durante un instante un breve instante, Adela le sonrió de una manera distinta, pero siempre cercana e inaccesible. No volvió a tocarlo. Eyacular había sido salir del dolor y entrar a otro instantáneo e inexplicable, sorprendente e ineseperado, que venía de muy lejos y lo dejaba muy lejos, aparte de la mano cerrada alrededor de su pene y que recibió el semen, regresándolo a una rara paz que no conocía y a la que por tanto no podía regresar sin empezar a ser otro y haciéndolo independiente de la mano que se retiró muy despacio. Después, muchas veces. Evodio intentó acercar a sí a Adela por lanoche. Nunca lo logró. En el día nada existía. La sonrisa de Adela fue un final. Evodio se masturbaba pensando en ella; pero era otra Adela. La miraba entre sus amigos y no era ella; la buscaba en su
No comments:
Post a Comment