Saturday, August 18, 2012

18 de agosto de 2012

con él. Vivir rodeada de gente que no te toca para ser tú. Que nadie te maneje, no aceptar ningún constreñimiento. Pero lo que la lleva de un lado a otro, cuando ella confía en que actúa su voluntad, es la vida. Por eso, Mariana sólo es el maravilloso gesto de quitarse un abrigo. Entonces, como si algo se desprendiera del centro sin centro de todas las cosas, aparece esa figura resplandeciente en su ignorancia de sí porque se cree dueña de sí. Todos sus gestos, todos sus movimientos, todas sus actitudes, confirman la neutralidad de la figura. Mariana está como levantada en vilo por una fuerza que la sobrepasa. Cuando supone que se afirma, afirma a esa fuerza. El resultado es una incógnita que no se resuelve más que como contradicción y ha elegido a la que está segura de que se llama Mariana y es Mariana para habitarla. ¿Cuál es, entonces, Mariana? Yo la había visto y mientras escribía en mi diario que me acostaría con ella, la recordaba. Ya he tratado de evocar esa escena para ti. No es la evocación la que puede conducirnos. Hay que repetir siempre un solo instante. Quitarse el abrigo y aparecer. Ésa es mi primera y mi única imprecisión. Lo demás compone una trama. Mariana, intocada, intocable, entre los demás, los otros, moviéndose en el mundo, segura de que así se afirma.
No fue distinta su conducta al encontrarnos en el café. Como era de esperar, llegó tarde. Llevaba más de media hora sentado ante una pequeña mesa, levantando cntinuamente la vista de las páginas de un libro para mirar hacia la puerta, cuando entró segura de que alguien iba a dirigirse hacia ella. Traía puesta una gabardina. Esta vez fui yo el que la ayudó a quitársela y se quedó con la prenda en sus brazos. Es intolerable la seguridad de la mujer cuando se sabe deseada y le basta con reconocer al infeliz que isente el deseo. Mariana traía mocasines y venía vestida con una falda de tweed y una blusa camisera blanca, cerrada hasta el cuello y con mangas largas. No supe qué esperaba de mí en ese momento. En realidad, lo esperaba todo. O sea: las mujeres nos necesitan para afirmarse a sí mismas. Mariana podía actuar como si fuera independiente. Lo único que buscaba, aunque fuese lo último que pudiera hacérsele admitir pues no lo sabía, era rendir esa independencia. Yo era entonces una posibilidad. Había ido al café para averiguar que´forma tenía esa posibilidad.
Puedo decir sin vanidad que nos fuimos agradables. A mí me gustó comprobar con qué facilidad cumplía con todos los requisitos de su papel. Mujer independiente, dueña de su vida y que ha vivido. Por supuesto, era intelectual, tenía intereses artísticos; pero logró mostrarlos sin ser pedante y, sobre todo, nada opacaba su belleza.

Friday, August 17, 2012

17 de agosto de 2012

somera explicación recordatoria. Aceptó verme al día siguiente, por la tarde, no en un bar como yo le sugerí, pensando con justicia que le correspondía más a su descuidada elegancia, sino en un café.
Por la mañana, mientras llegaba el momento en que consideraba oportuno comunicarme con ella, había anotado en mi diario mi segura esperanza de que llegaría a acostarse con migo. Este diario, que ocupa ya muchas libretas, yace en el fondo de una caja junto con otros poapeles personales. Ya no lo llevaré más. Está concluido, Kaput, como mi vida. Nunca te había hablado de él. Me ha acompañado, me ha servido de testigo, desde los once años. En sus páginas anoté, con mi letra de entonces, cómo te admiraba a distancia en la escuela. Allí está, inmóvil para siempre, la fecha del primer día que nos hablamos y minuciosamente descrito el comienzo de nuestra amistad. En cambio, el diario estaba ya en el fondo de esa caja depositada en mi antiguo cuarto en la casa de mi madre, la última noche que te vi.
¡Cuántas cosas forman y deforman la vida! Si alguien repasara esas páginas hallaría que en ellas se confunden y se borran, anulándose entre sí, la verdad y la mentira y por eso, finalmente, nada es. Testimonios de una persona en los que estorba, interviniendo falseando, tergiversando, la persona. Para que esa persona deje de estorbar y aparezca la vida el único recurso legítimo es el silencio. Pero entonces, ¿quién va a ser testigo de la vida, cómo va a poder reconcerse a sí misma sin esa falsa detención en la que no puede mostrarse porque la detención la contraría? Si sólo existe la inmovilidad, ésa es la de la muerte y todo es vacuidad. Por eso estoy aquí. ¿Será cierto?
Para beneficio tuyo, quisiera rememorar mi primera impresión de Mariana, la imagen intocada por ltodo conocimiento posterior, de la que no importa si fue confirmada o contradicha por lo que viene después, imagen sin verdad ni mentira que no permanece ni dura, pero a la que nada puede tocar y por eso permanece y dura, como diría Quevedo, pues sólo lo fugaz... Deduje por su apariencia, por su conducta, por su belleza que Mariana, a pesar suyo, se conservaba secreta para sí misma. Ella vivía y por tanto se movía en un mundo determinado. Pero lo imporptante es su incapacidad de pertenecer. Seguramente, como todos, pretendía imponerse, cambiar el mundo. Es lo que conlleva en sí el convencimiento de que se posee una voluntad. Pero la misma gente entre la que vive y se desplaza le permite no conservarse sino permanecer intocada. Ella tiene una seguridad, cree ir hacia algún lado y supone que llegará a ese lado porque se lo ha propuesto. Por eso es amiga de Horacio Peña y llegó

Thursday, August 16, 2012

16 de agosto de 2012

y poblado bigote de Nietzsche. En ese tiempo leía sin cesar, en desorden, volviendo una y otra vez a ellos, los admirables aforismos que todo lo destruyen y nos dejan ante el vacío. Quizá la propia, sublime, figura del solitario de Sils-Maria era la única respuesta a ese vacío. Pero la estampilla no la representaba. Fui yo el que quise que la representara. En la estampilla que contemplaba apaisada cuando en verdad debería tener la posición contraria, se reproducía uno de esos bellos por inocuos Picassos de la época neoclásica en el que se mostraba un niño vestido de arlequín. ¿Cuál puede ser la relaicón? ¿Qué relación podía existir entre la Mariana que me entregaba diluyéndola Sara Segul y la que yo entreveía, bella y procaz, deseable hasta la locura, regalando el inapreciable don de su cuerpo a un desconocido? No es imposible que mi manera de tener a Mariaan fuera desde entonces dársela a otros. ¿Te sugiere algo?
Antes nunca me había fijado en que la casa de Bernardo Tapia tiene mil recovecos. Aunque no lo creas ya no volví a estar cerca de Mariana. A distancia, la separaba algunas veces de entre los demás. Debe haber bebido mucho esa noche. O fui yo el que bebí mucho. Tal vez los dos. Hasta bailé con Sara. En distintos cuardos, sentada con las piernas cruzadas en brazos de sillones, permitiendo que brazos que no eran los míos la tomaran por la cintura, riéndose y escuchando con mirada atenta conversaciones que deberían ser idiotas, aceptanado que encencieran el cigarrillo que acababa de colocar entre sus labios sin edad y cuya sensualidad la negaba afirmándola, veía a Mariana. Y luego, ya no estaba. ni siquiera se despidió de mí. Interrogué a Bernardo Tapia. Se había ido con el mismo ilógico Horacio Peña con quien llegara. Es él quien debe haberle puesto el abrigo. Iría a su lado en algún coche, con las piernas cruzadas. Haciendo un esfuerzo le pedí su teléfono a Bernardo. No lo sabía o me lo negó. Tuvo que dármelo Sara Segul.
Te adjunto ese teléfono y la dirección de Mariana. Es posible pero no probable que te sean útiles. Al menos, podrás localizarla. Quizá. Sin embargo, me arriesgo a declarar que nunca sabrás quién es ella, aunque confío en ti. No en balde, ni sin motivo, puede considerarse que "te la encomendé". yo tuve que marcar cinco veces ese número antes de que incierta, sin figura, en un lugar que desconocía, rodeada de objetos que no podía imaginar y que era inútil por falso tratar de inventar porque, en cambio, tenía admirable y hasta dolorosamente presente su figura ocupando un espacio concreto en algún lugar impensable y por tanto inhumano, su voz ronca, cortante y desagradable me contestara pretendiendo, tal vez con verdad que no sabía quién era yo. Le repetí mi nombre, acompañándolo de una

Wednesday, August 15, 2012

15 de agosto de 2012

bailar con alguien y me dejó hablando con Sara Segul. Sara siguió mi mirada y me preguntó si conocía yo a Mariana y qué me parecía. Supuse que le iría a contar lo que dijera y le contesté una verdad que sonaba a mentira. Me fascina, dije. Luego, mientras la buscaba de vez en cuando entre las amorfas parejas de las cuales sólo la que formaban ella y un desconocido podía significar algo que valiera la pena, traté con esa torpe habilidad que nos vuelve s´bitamente idiotas, que Sara me informara sobre Mariana. Podrás imaginarte que fue inútil. Habló de su amistad con ella, de libros que le había prestado, de lo que Mariana había comentado sobre alguna de sus relaciones, de cómo había tratado e insistido en que terminara su carrera, de otras mil banalidades que me decían de su relación con Mariana, pero no de Mariana. Lo único que saqué en claro es que se conocían desde que ambas eran estudiantes, que durante una época, no sé ni siquiera a qué época se refería, Mariana había dado clases. Pude inferir, pero oscuramente, muy oscuramente, que su conducta no había sido siempre precisamente edificante. Y eso me lo decía con mucha mayor precisión la manera en que de pronto la descubría bailando entre las demás parejas. También estarás de acuerdo: Mariana no baila, deja que la usen. tenía una forma de pasar el brazo por encima del hombro de su pareja y acariciar su cuello que me hacía desesperar cada vez que la perdía de vista. Y en tanto la incesante cháchara de Sara me impedía seguirla todo el tiempo con la vista y sin decirme nada utilizable sobre Mariana me llevaba a perderla con una dolorosa frecuencia entre los demás. Finalmente, ya no estaba o ya no la vi. Sara seguí ahablando. ¡Hasta qué extremo pueden borrar las palabras la imagen que están obligadas a construir! ¡Con qué pericia la imbecilidad les impide cumplir con la única función válida! Reparé en que Sara es judía y sus iniciales son S. S. Y no pude dejar de pensar con nostalgia en la venerable institución con las mismas iniciales.
Habrás advertido cuántas veces recurro a la palabra "verdad". Die Wahrheit. No hay tal. Uno sólo tiene lo que puede ver y no ve más que lo que quiere. A mí me ha ocurrido intentar dilucidar lo que se representaba, por ejemplo, en una postal vista desde cierta distancia y lo que veía no era lo que en verdad se reproducía en la postal, sino lo que yo esperaba que estuviese. Más concretamente: recuerdo ahora, cuando me parece tener nítidamente la imagen de Mariana y como para avisarme del posible engaño de mis sentidos, una ocsasión en la que observaba desde lejos y un tanto distraído el sobre de una carta donde había una estampilla en la que yo encontré la noble frente, elpeinado un tanto anticuado, las cejas hirsutas y el absurdo

Tuesday, August 14, 2012

14 de agosto de 2012

nados. En cambio, no tengo ni el más remoto contacto con esta María Inés sobre la que me escribes y que según tú es Mariana. No es imposible; pero admitirás que por lo menos es bastante improbable. Al no tener contacto con ella es natural, aunque no lógico, porque sé que al menos estás de acuerdo conmigo en que lo natural no siempre es lógico, que tampoco conozca a su afortunado marido, ese fantasmal José Ignacio Gozaga del que te dignas hacerme una tan minuciosa descripción. Y debo confesar que siento no haber tenido la oportunidad de admirar a los dos hijos que mencionas.
¡La impersonalidad de los pronombres personales! Digo ella y para mí es tu inexistente Marí Inés y en ese ella, para ti, está encerrada tal vez también Mariana. No soporto la imprecisión de la trama. Dentro de ese plano preferiría que no hubiese ninguna. ¿En dónde nos movemos, hacia dónde vamos? ¿Te es posible vernos a ti y a mí hace tantos años en el jardín de casa de mi madre? La jacaranda estaba florecida. El puro estallido morado que siempre nos fascinó y siempre esperamos como una misteriosa comprobación de que el tiempo se movía para regresar al mismo lugar. Una comprobación banal y por lo demás falsa. No obstante, no es mentira que nuestra incomprobable complicidad nos hacía uno solo. Siempre te recuerdo hablando con mi madre y conmigo pensando que, por lo que decías, ella ---mi madre, mi única e intrasnferible madre--- debería desear que su hijo fueras tú, siempre me recuerdo conversando con tus padres y me atrevería a proferir la arriesgada afirmación de que ellos hubieran querido que su hijo fuera yo. Después, a solas, tú y yo, no nos preocupábamos en lo absoluto de eso. Demasiado inmersos en la sucesión de los días y los meses para reparar en nuestras semejantes diferencias. No hay semejanza, Esteban, no hay diferencia. ¿Te acuerdas a la salida de la escuela? Una vez, en el camión, tú te pusiste detrás de una señora. Yo te veía. Al dejar el camión lo comentamos Los dos estábamos excitados. Pero Mariana...
Estarás de acuerdo en que de pronto Mariana se ve muy joven. A lo más una adolescente. Esa impresión se borra en seguida. no deja de verse joven; pero simultáneamente es otra cosas. Mientras estábamos sentados en el sofá en un momento dado Mariana se quedó muy quieta con un brazo extendido a lo largo de la pierna, un cigarrillo en la mano y la mirada perdida hacia adelante, sin ver nada, a ninguan de las personas que bailaban o hablaban formando en el enrarecido ambiente de la reunión. Pensativa. Mariana pensativa. Ese pensativa, mucho me temo,c onsiste en no pensar. Había subido la otra pierna al sofá y se sentaba sobre ella. En seguida se levantó a

Monday, August 13, 2012

13 de agosto de 2012

Casi podría asegurar que ella respondió con Baudelaire. Luego sé que ya no estábamos bailando, sino sentados en un largo sofá donde también se encontraba Sara Segul. Había olvidado mencionarte que despedirla era el motivo de la reunión. Y mucho más lo había olvidado yo en ese momento; pero iba a serme muy útil. Conocer a la gente y el ambiente en que se movía Mariana fue constatar su petenencia a una cierta forma, a una manera y un tono de los que yo buscaba mantenerme apartado. Sin lograrlo siempre. Hay que onstatar nuestras debilidades. Y la impredecible ventaja de nuestros desmayos. Nunca se ha pensado lo suficiente en hasta qué extremos la voluntades uno de nuestros enemigos. Allí estaba yo, prisionero de todos mis prejuicios, organizado y armado como figura por toda la serie de reglas personales que me imponía, tratando de pertenecer a algo que negaba, porque la incierta realidad que se llama Mariana se movía en esa zona. Fui amable con Sara Segul, cambié opiniones con Horacio Peña, aceptando las suyas, lo que es casi inadmisible, y en ese largo sofá, con un vaso en la mano, exclusivamente estaba atento a cómo escuchaba Mariana y cuáles eran sus actitudes. Pero es muy posible que ella ni siquiera escuche. Tiene una desconcertante manera de pertenecer manteniéndose aparte. Su cuerpo está presente; ella está en otro lado; pero ese indeterminado lugar parece en muchas ocasiones inaccesible para ella misma. ¿Por qué llegar con Horacio Peña? ¿A cuenta de qué ser tan amiga de Sara Segul? El conjunto defalsas costumbres, de falsas actitudes, de falsas intensidades. Y en Mariana nada es falso, nada puede ni siquiera llegar a aser falso. Lo que es verdad es que muy probablemente nada es. De pronto, me pregunté si a su vez ella hablaba para mí. Parecía haber compartido un gran número de sucesos con Sara. Era la amiga, esto es la acompañante, de Horacio Peña. Lo que es indudable es que estaba en el sofá con las piernas cruzadas y cuando Bernardo Tapia se acercó por detrás apoyando lasm anos en el respaldo del mueble para ofrecerle algo de beber, ella echó ligeramente la cabeza hacia atrás y volvió hacia él los ojos para contestarle. El trazo de su cuello a artir de los añchos hombros, la cabeza cercada por el pelo castaño y los dientes apenas revelados entre los labios entreabiertos eran irreprochables. Movía de arriba abajo en el aire el pie que no se apoyaba en el suelo graias a sus piernas cruzadas.
Conozco a fray Albert Gurría. Es un personaje contradictorio con el que e tenido el placer de muchas discusiones en las que ninguno de los dos decíamos lo que creíamos. Creo que él no sabe lo que cree; pero yo tampoco. Eso nos hacía extremadamente empeci-

Sunday, August 12, 2012

12 de agosto de 2012

tiempo sin medida o sin tiempo, igual que sin saberlo, al contemplarlo uno quiere entrar a un cuadro, ser parte de él, aunque el mismo cuadro lo expulse, porque su representación está desprovista de toda psicología y allí se sería un intruso. ¿Te ha pasado? A mí con particular intensidad ante un mismo cuadro siempre, un Memling, Las bodas de Santa Catalina que está en el Metropolitan Museum de Nueva York. Ese momento de suprema belleza en que ella recibe el anillo que la une para siempre al espíritu. Quizá lo intolerable de la realidad es que es mucho más torpe que la pintura. Se tienen que realizar acciones prácticas, dirigidas hacia un fin concreto y uno abomina lo práctico y lo concreto. hay que estar como muerto en la vida, tal como ocurre en la pintura.
¿Adviertes la bajeza de lo cotidiano? Era una reunión, había otros invitados, y recurriendo a todo tipo de subterfugios viles conseguí finalmente estar al lado de Mariana. Túc conoces su voz. Me fascinó de inmediato porque me fue repulsiva. El primer impulso ante un contacto directo es siempre apartarse. Ella iba a hablar, estaba hablando ya de lo que se habla en las reuniones. Si continuaba a su lado iba a conocer su historia. No la sé, nunca la supe. Recuerdo que esa primera ocasión, ineseperadamente, estábamos solos. Quizá no es cierto. Invento, compongo la escena. Lo que no se puede negar es que en un momento dado estaba bailando con ella. Pero no bailábamos, más que bailar le hablé, hablamos. Tenía, sí, su espalda contra la palma de mi mano. Mis dedos deberían extenderse por esa superficie desconocida, pero no estaba atento a mis dedos, más que ahora, en el recuerdo. Reconstruir una escena es odioso. Mi único placer es la turbación que debo estar provocando en ti, en este instante, mientras lees, que ya no es el instante en que escribo y sin empargo es el mismo.
Esto ya no pertenece a ningún tiempo, es abstracto y resulta más fácil mencionarlo. Sostuvimos una conversación ---nunca sé cuando una conversación es un diálogo y cuándo dos monólogos en los que lo raro es que lo que uno dice se dirige al otro y lo que el otro dice a su vez está encaminado a impresionarlo a uno, como si hubiera un uno y un otro--- en la que yo recurrí a dos viejas y permanentes pasiones: Blake y Dante Gabriel Rossetti. Es imperdonable usar la poesía para eso y sin embargo, quizá la poesía sólo es para eso. Con esos ejemplos, claro, el tema fue la alucinación y la decadencia. Todo es alucinación y todo es decadencia. Es una alucinación suponerse Dante porque se lleva el mismo nombre y por eso se es decadente. Pero ¿qué importa ahora?
La cultura de Mariana es francesa. Alucinación y decadencia.