Wednesday, July 11, 2012

11 de julio de 2012

en las mesas. Algunos mayores y niños han empezado a despedirse. Fray Alberto apenas le habla a su prima que con su aspecto de joven solterona se acerca a la mesa principal a decirle adiós. Ha conversado mucho con José Ignacio y los dos están como aparte de la reunión. Quizás es un pasado que vuelve o un futuro que no saben cómo enfrentar. En cualquier forma , entre los dos han levantado un cerco dentro del que se mueven con inadvertida facilidad. Recuerdos y esperanzas tienen la misma textura, el tiempo está inmóvil y el mundo ajeno, como si nada hubiera empezado todavía y ni siquiera María Inés, en cuya boda también ofició fray Alberto amando su belleza y perturbado por ella, ni los niños, existieran. José Ignacio y fray Alberto serán siempre dentro de ese cerco los primos separados por la edad y unidos por la ausencia de un sitio propio. Sin embargo, los dos tienen una vida. María Inés ha dejado de hablar con la tía Eugenia y se vuelve hacia José Ignacio, separado ahora de ella por los lugares abandonados de Mercedes y Luis.
---Hay que llevar a las tías, José Ignacio ---dice.
Él está inmediatamente en la reunión otrav ez. Se ha habituado al movimeinto de regreso.
---Muy bien, dile a Evodio ---contesta.
Es Eugenia la que ve a Esteban sentado todavía en la mesa con Cristina.
---Hazle un poco de caso a mi sobrino ---le dice a María Inés.
---Sí, tía, no faltaba más. Fue muy amable de su parte venir ---contesta ella.
---Y tú lo has impresionado mucho ---agrega Eugenia.
---¡Tía...!
---¿Qué tiene de malo? Tú impresionas a todo el mundo. Por eso te quiero. Y por fortuna, mi sobrino es loco, pero no es ciego ---dice Eugenia y comenta para José Ignacio que se ha acercado---: Tú ya sabes que lo que más admiro de ti es tu mujer.
---Y tienes razón, tía ---dice José Ignacio pasándole un brazo por el hombro.
La complicidad viva siempre entre Eugenia y María Inés no le pertenece sin embargo. Eugenia la crea como una especia de comprobación secreta que María Inés acepta.
Entonces, todos se acercan a la mesa de Cristina y Esteban. José Ignacio lleva del brazo a Eugenia y María Inés a Delia.
---Podemos suponer que ya es tiempo de tomar el primer whisky, ¿no crees? ---le dice fray Alberto a Esteban.
Él se ha puesto de pie. Todavía quedan algunos invitados, pero ya son muy pocos.

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