incita hacia la certeza. Saber; mantener la curiosidad. Antes de conocerme, ella... Un abismo. La vida alrededor suyo debe ser un puro esplendor. Y nada es cierto. Cristina posee el conocimiento y sin embargo, de pronto es más importante reconocer en ella los gest des María Inés. Cada vez que ella habla, Esteban se aleja. Mira hacia la mesa principal. María Inés está vuelta hacia la tía Eugenia y la escucha con atención. Una de sus manos llega hasta el collar de perlas y se queda allí haciéndolo girar. Ahora ella habla. Su voz ronca. ¿Qué puede estar diciendo? Seguir en el desconocimiento es dejar libre a la figura en su absoluta pureza, pero la tía Eugenia tiene un nuevo prestigio.
---Usted tomó muchas fotografías, ¿verdad? Tiene que hacer copias para mí ---dice Cristina.
---Sí, desde luego. Todas las que quiera ---contesta Esteban y le molesta que siente una especie de ternura por ella.
En la mesa es el único desconocido para los demás. Se han mencionado nombres, se han recordado encuentros; él ha escuchado con curiosidad, pero la que le habla directamente es la hermana de María Inés, como si por lo que Esteban es pudiera haber una relación entre los dos. El lugar en el que esa relación existiría es el único que importa. Entonces, ser el dueño de ese secreto lo pondría por encima de todos, le daría derecho a sentirse aparte; pero en ese lugar es inalcanzable. los que lo conocen son José Ignacio y los niños y Cristina. Esteban siente ganas de irse. De hecho, el desayuno ha terminado y no va a pasar nada extraordinario. Pero, ¿y si logra hablar a solas con María Inés...? Imagina un encuentro en el interior de la casa que no conoce y se pierde en el ensueño. Es una sala muy vasta, con techos muy altos. Los muebles cambian continuamente. Esteban está de pie en el centro de alguna habitación cuando entra María Inés, pero no hablan, no hay nada que averiguar. Ella se ha acercado, le ha echado los brazos al cuello y sus labios están en los de él. La necesidad es de ella. Su cuerpo se pega al de esteban, ese cuerpo que se parece al de Cristina, que, vestida de raso gris, le pregunta a Esteban de qué conoce a José Ignacio, consciente de que ella es parte de la casa.
Los niños se levantaron ya de la mesa principal seguidos por sus amigos. Reaparecen sin la blanca imitación de los hábitos. Luis con un gastado pantalón de mezclilla y un suéter de algodón; Mercedes con una corta falda amarilla y una blusa azul. Si antes su atuendo los señalaba como protagonistas de la celebración, ahora se ven aparte de sus amigos vestidos de fiesta; pero los íntimos se pierden con ellos en el jardín, mientras los otros se quedan con sus padres
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