Friday, July 6, 2012

6 de julio de 2012

---Yo también ---interviente Luis. 
---Esto está bien. No hay que ser menos que las mujeres ---dice Eugenia.
María Inés no ha hablado. Al volante, muy discretamente Evodio Martínez escucha los comentarios, pero tal vez su mirada no quisiera encontrar más que la figura de María Inés. Él ha estado aparte, esperando en el automóvil. No habló con nadie, pero ahora está de nuevo en su sitio, cerca y lejos, en el centro de todas maneras Conduce a todos a todos lados. Mientras espera, en cambio, es un puro blanco sin contornos y aunque a veces se puebla con otros fantasmas él los obliga a salir, con una obstinada fidelidad, porque ha decidido, él que distribuye tan bien su tempo, que no tiene ningún derecho a inmiscuirse durante la espera,
Cuando ayuda a bajar a la tía Eugenia al llegar a la casa, ella se vuelve hacia María Inés.
---Tienes un chofer muy atent.
María Inés no registra el comentario ni tampoco mira a Evodio. Ésa es la dificultad. ¿Dónde existe él? El blanco de la espera está lleno de tensión, en cambio ahora ni siquiera puede sentir rencor, sólo una necesidad. Entonces quisiera borrarsem que no le hablaran ni Mercedes y Luis. Es mejor estar solo, con el automóvil parado, frente al volante Es bueno pensar que muy pronto dejará ese inútil esfuerzo y será independiente.
El camino hacia la casa ha sido muy corto, en cambio, para Esteban y fray Alberto. En realidad no lo han advertido. Fray Alberto dejó, junto a las cámaras y las lámparas de Esteban, el maletín con su suntuosa casulla y los demás implementos de oficiante en el asiento de atrás. Se sentó con la espalda apoyada en la portezuela, abrió la ventanilla, sacó por ella el codo enfundado en blanco dejando colgar su cuidada mano, prendió un cigarro y dio una honda chupada, exhalando en dos rectas líneas el humo por la nariz. Esteban había arrancado ya. Miró con simpatía el rostro malicioso de fray Alberto y pensó en Anselmo. Él hubiera hecho el comentario: los gestos profanos del cura conservaban algo ritual.
---Tiene que guiarme ---dijo.
---¿Por los caminos del espíritu? ---contestó fray Alberto.
---Más fácil: a casa de su primo ---dijo Esteban.
---Sabía que no ibas a caer en la trampa. Pero no era una trampa. El confesionario le enseña algo sobre las gentes a los curas, cuando ellos quieren. Ven y sígueme ---contestó fray Alberto.
Esteban se rió. 

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