Wednesday, July 4, 2012

4 de julio de 2012

puede ocurrir allí. María Inés vuelve a aparecer desde su pasado, cuando todavía no era suya. Y Mercedes y Luis no existen. No existen. José Ignacio ve a  Esteban y siente simpatía por su ingseguridad y su desamparo, ve a fray Alberto y le agradece que lo haya acercado a ese joven de su misma edad casi. Pensar que también es sobrino de la tía Eugenia. No sonríe, no hace ningún gesto. Él está allí y es el dueño de todo, debe sentir que es el dueño de todo, pero no quiere serlo, sino que lo usen. Entrar a otro mundo, que no le pertenezca.
Entonces, aunque otras personas, distintas gentes, se han acercado a saludar y hasta se han quedado conversando un momento, es María Inés la que interrumpe la reunión. Esteban la mira caminar hacia ellos con su paso indiferente, ajeno, severo y ondulante.
---¡José Ignacio, es el colmo! Llevo horas hablando con las tías en el coche. Tú deberías haber traído a los niños ---dice justo en el momento de quedarse ante ellos de pie e inmóvil, figura de sí misma, cerrada en su cuerpo, distinta para cada quien.
Es María Inés la que llama a los niños. Es ella la que recibe primero su beso cuando se acercan, entre serios y sonrientes, dejando a los mamigos con los que hablaban. Es ella la que le pasa la mano por el hombro y hace que la niña se apoye en su cuerpo mientras acaricia al niño en la cabeza. Es ella la que, llevando a cada uno de sus hijos a un lado, tomándolos por los hombros, obligándolos a pegársele por completo, sin dejar d ebesarlos un solo momoento, inicia la retirada. Antes le ha dicho a fray Alberto y Esteban que los espera en el desayuno. José Ignacio la siguie.
El jardín va a quedarse solitario de nuevo. Vigilado por la pequeña torre de la capilla, cuya campana sonará varias veces a través de la mañana, de la tarde, del principio de la noche, sombras sin tiempo lo atravesarán, lentas o presurosas, y él proyectará sus propias sombras. Los invitados que aún conversaaban formando pequeños gruupos en los senderos, entre los rosales, han seguido también a María Inés y José Ignacio en su retirada. Por un momento, los amigos de Mercedes y Luis son hijos otra vez. Una monja sale de la capilla y le da a fray Alberto un pequeño maletín con la ropa que usó para oficiar. Luego, le besa la mano y se aleja hacia el interior del convento. Fray Alberto se limpia el dorso de la mano contra el hábito.
---Odio a las monjas ---dice---. Debe ser una especie de antifeminismo.
---O al contrario ---contesta Esteban.
---Sí, es cierto. Más bien sería un feminismo, quieres decir, ¿no? ---acepta fray Alberto.
Fray alberto le propone entonces a Esteban que se vayan juntos

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