Wednesday, July 25, 2012

25 de julio de 2012

Se tiene tal vez la regla y no se deja de buscar. Evodio estaban en la fábrica; lo demás se quedaba afuera. Se empeñó en acompañar a Carmela después de que los dos salían olorosos a jabón del baño, limpios del polvo, por las calles en las que poco a poco iban desvaneciéndose las figuras y se encendían las luces. Veía a su padre verlo pasar desde la pulquería. Una vez, le propuso a Carmela ir al cine. Ella no aceptó. Nunca llegaban hasta la casa de ella, nunca permitió que le tomara siquiera el brazo. Evodio nada más caminaba a su lado y sinembargo, los ambiguos e insondables ojos versdes de ella conservaban la entrega de un momento atrás. Allí estaba el límite del mundo. Ir y venir por ese cuerpo; entrar y salir de la fábrica. Pero Carmela callaba siempre. Había un temor, una espera que le despertaba una especie de rencor por Evodio. Caminaba a su lado sin estar con él y ella preservaba la parte que se apartaba. Obedeció a esa parte la tarde que su novio se precipitó sobre su acompañante al dar vuelta a una esquina. Quizás hay un dueño secreto para cada cuerpo. El de Carmela mostró una fidelidad ajena a ella. No intervino, pero mientras miraba se mantenía del lado del que pegaba y al mismo tiempo cada golpe iba dirigido también contra el cuerop que se dejaba tomar por Evodio y usaba ese otro cuerpo dándole el suyo tierno y acuoso, convertido en la pura densidad de su mirada sin rumbo. Evodio se tambaleó desde el primer puñetazo. Luego todo estaba empañado por la sangre que era igual a la tentación de dejar de responder y resbalar por ese mareo tras el que se fugaba el mundo. Encontrar el piso fue un alivio equivalente al placer del dolor de recibir las patadas en las costillas, en la cabeza y separarse de ese piso era como abandonar su cuerpo. Se quedó quieto.
Fue Sereno el que le propuso que tomara otro trabajo. En la fábrica, Evodio no miraba a Carmela. De algún modo, le concedía la razón. Carmela tampoco miraba a Evodio. Ni siquiera conservaba la nostalgia. Lo que se había hecho inaccesible era el lugar donde podían encontrarse y lo habían roto los dos. El padre no dijo nada. Evodio alimentaba su carda, pero estaba ausente. Él no pertenecía; era un solitario.Ni la vigilia ni el sueño. Continuidad rota como una tela que se desgarra. Un solo chasquido que persiste y es imposible cerrar. Evodio alimentaba su carda, vigilaba el tendido. Lo peor era no sentir nigún rencor.Regresaba as u casa y Sereno estaba entre sus libros. Él se sentaba en la misma mesa y lo miraba. De entre esos libros levantó la vista una noche Sereno para preguntarle si no le gustaría probar un empleo como chofer. sereno tenía un trabajo como ayudante en la biblioteca de una moderna fábrica cuya contribución a la cultura era esa vasta biblioteca de documentos históricos

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