Al pasar junto a Delia y Eugenia ellas le sonríen. Nadie se ha movido todavía en la fila de reclinatorios donde está Mariana. De cara a la puerta ya, Mercedes y Luis miran abiertamente por primera vez a sus padres. El orgullo que encuentran les complace. De pronto saben que son y han sido el centro; pero el recogimiento regresa también, conducido por la música alegre y exaltante con su sabor de despedida y mientras avanzan por el pasillo con las manos unidas sobre el pecho, un tanto avergonzados, se emezcla con la necesidad de responder con los ojos a los saludos de la gente e ir reconociendo a los amigos. María Inés y José Ignacio, Cristina la hermana de ella y una prima lejana de José Ignacio y fray Alberto que los acompañaban en el reclinatorio como madrinas, caminan detrás de ellos. Esteban retrata a los niños varias veces más todavía y en alguna ocasión ellos miran hacia la cámara. La música sigue sonando cuando los primeros invitados empiezan a dejar sus asientos y siguen a los protagonistas de la ceremonia, contentos tal vez de encontrarse de nuevo al aire libre.
En el jardín, con la fachada de la capilla detrás, frente al resto del convento, la pausa se prolonga en un espacio dentro del que nadie sabe en dónde se encuentra. Al final de cuentas, ha sido un rito sin importancia; ahora hay que seguir adelante. Los invitados se agrupan y se dispersan, se saludan entres sí. Reconocimientos y comprobaciones. Una ocasión más d eencuentro: el mismo de siempre. Detrás, el esbelto campanario; al frente, las rosas abiertas y el rumoroso surtidor; más allá, los mudos corredores. Se han formado pequeños grupos de nvitados en los senderos del jardín; algunos niños se sientan en el pretil de la pila de la fuente. Nadie quiere vivir en un tiempo sin tiempo: es el momento de las risas y saludos.
José Ignacio y María Inés están casi todavía en la puerta de la capilla con Mercedes y Luis. Cristina se ha desprendido un tanto de ellos para saludar a unos amigos. La prima de fray Alberto, que preparó a los niños para la primera comunión, sigue al lado de José Ignacio. Mercedes y Luis están a dos pasos adelante de sus padres. María Inés tiene las manos puestas en los hombros de Mercedes y José Ignacio en los de Luis. Mirando caminar a Cristina hacia sus amigos, Esteban ha advertido que sus gestos y movimientos son idénticos a los de Mariana. Avanza muy derecha pero con una leve ondulación en las caderas y un secreto ritmo suave y firme en los pasos, con los brazos inmóviles caídos a lo largo del tronco y ambas manos apoyadas apenas en la cara exterior de los muslos, el índice extendido muy derecho y los demás dedos recogidos contra la palma, la cabeza muy erguida sobre el grácil cuello y una ronsrisa que no llega
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