pojada de cualquier apoyo, tendida en la cama y a la espera. Había que hacerse tan impersonal como ella. pero no lo sabíamos. Nadie puede saber eso. De pronto, yo estaba a un lado y Anselmo del otro lado. En el centro el cuerpo de Mariana hubiera podido burlarse de nosotros. Pero su ternura era absoluta. Yo había sido un malvado obedeciendo a Anselmo que había sido un malvado obedeciendo a la Mariana que no decía lo que quería Mariana. Vi cuando él empezó a acariciarla. Mariana se volvió de inmediato hacia él. No podía seguir así, a la espera, sin nadie. No es difícil recordarlo si me pierdo por completo en ella, si sólo la tengo presente a ella. ¿Te da miedo? Fuiste un objeto, Anselmo era un objeto, Mariana sabía cómo ser un objeto y no quería más que ser un objeto. no quería nada. Ella ya no era ella. Un olvido innombrable. Nadie es el objeto de nadie. Los objetos ni siquiera son de sí mismos. Eso es lo que te da miedo. Giras alrededor de Mariana que no es nadie. Mientras Anselmo te besaba para contemplarte era el asombro. Veo tus brazos rodeando su cuello, veo tu cuerpo pegándose al suyo. ¡Qué desnuda estabas, amor mío! Tienes la espalda más larga que se puede imagianr, tienes las nalgas más perfectas en que puede terminar una espalda. Sentía tus pechos en el de Anselmo como si él fuera yo, lo vi entrar a ti, empezar a tenerte, vi tu cara que debería ser igual a la que tenías cuando yo estaba en ti. Eres la iagen de la felicidad. Te oí hablarle a Anselmo y obedecí cuando él me pidió que te lo metiera por detrás. Nada hay tan bello como ese rumor de palabras que suplican, que ordenan, que se quejan, que no quieren decir nada y lo dicen todo cuando se hace el amor.
No puedes recuperar tu placer recordándolo. Era otra cosa. El primer quedjido de MAriana, de sorpresa, de miedo, de dolor. Tu verga abriéndose paso. Esta verga. ¿Dónde estás, Mariana? Ella abriéndose, tú abriéndola. Encontrar al final a Anselmo del otro lado. El placer era un puro rompimiento. De todo. El sueño de la infancia.
Estás loco, Esteban. Pero los tres estábamos allí. Y de pronto ella se había levantado.¿En qué momento? Tú la tenías agarrada por los hombros, tus manos en sus hombros. Las suyas en la espalada de Anselmo. Su cabeza moviéndose de un lado a otro. Dejarse ir hasta un fondo que no existe. una fconfusión, un amasijo. Pero yo estaba todo en ella, como debería estar Anselmo. ¿A dónde la llevamos en ese desorden Anselmo y yo? No se podía pensar en sí mismo porque no se pensaba en nada. Pero si alguien existía era ella. Presente en la violación de toda su posible integridad. La violación que pedía. Ser sólo el placer que das y que te dan. Toda la seduccíon anterior
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