Friday, June 22, 2012

21 de junio de 2012

La gorra es el único objeto con significado en él mismo y está en el automóvil, inalcanzable, cuando sólo un momento atrás era mejor estar sin ella.
---Gracias por todo ---le dice Esteban.
Y Evodio responde automáticamente.
---A sus órdenes, señor.
Aunque nadie lo mira, el jardín encerrado entre la barda, la sobria fachada de la capilla y los dos corredores en ángulo recto del convento, está lleno de rosas abiertas y en el centro el surtidor deja escapar un rumor sosegado e intemporal. Más allá de los corredores todo es misterio. Se entra a un espacio aparte. La misma luz que abre la mañana a su revelación se detiene ante ese interior distante. Hay, sin embargo, una alegría que flota sin rumbo. Tal vez es el sonido de la música que llega desde la capilla, pleno hasta la incomprensión, o el ligero vibrar imperceptible de las rosas, callado y tímido. El continuo milagro de lo visible y lo invisible, mezclándose, ajeno a toda mirada, inmutable. Un puro desperdicio, pródigo y banal, una sobreabundancia que no requiere a nadie. El solemne espectáculo del mundo se desarrolla sin espectadores, coultándose en su gratuito aparecer.
Evodio Martínez ha regresado a su lugar frente al volante. Esteban ha tomado del brazo a su tía Eugenia. Delia camina a su lado. Entran a la capilla. No es grande y está llena por completo Eugenia sin ver siquiera de quién se trata apoya la mano en el hombro de alguien sentado en la orilla de la última hilera de bancas.
---¿Hace mucho que entraron?
Pero no espera la respuesta que debe darle el sorprendido rostro que se ha vuelto hacia ella sino que se dirige a Esteban:
---¡Te dije que íbamos a llegar tarde! Vamos, Delia.
Sigue su camino hacia el frente y obliga a que le hagan lugar a ella y su hermana en la primera hilera de bancas desalojando a un niño que la mira un tanto desconcertado. Esteban tiene que ayudarla a sentarse. Sus tías están instaladas y ahora él tiene que cumplir con su deber como fotógrafo.
Es muy probable que le guste poder estar en ese ámbito fascinante detrás de una cámara porque no se explica su fascinación. Algo lo ha envuelto desde la entrada. La música quizás. Pero ahora ésta ha callado. En su lugar, se escucha una voz ríspida y monótona subir y bajar en un intento que no advierte de despojar de sentido a las palabras en cuya intensidad debe estar presa. Esteban no sabe de dónde sale esa voz. Tiene algo fúnebre y victorioso. Después de la música es el triunfo del tiempo sobre la eternidad, de la emoción que

No comments:

Post a Comment