Tuesday, June 19, 2012

19 de junio de 2012

tomóviles; nada permanece, todo cambia, está bien que Esteban se mueva de un lado a otro y de vez en cuando entre a la casa y nos cuente para comprobar hasta qué extremo ni siquiera las costumbres que uno recuerda se conservan (---"Somos un anacronismo, Esteban. En mi época una no tenía amantes para no tener que quitarse el corsé por la tarde" ---dice Eugenia con una sonrisa que acerca a Esteban y deja a Delia a un lado como la dejaba ya las tardes en que después de avisarle que pasaría a verla no iba, prohibiéndole además comentárselo a nadie); pero a Delia le conmueve comprobar la inmovilidad de la mañana idéntica a cualquiera de aquellas otras hechas jirones, despojadas de una cada vez más indispensable e imposible continuidad, en las que se encuentra a sí misma siempre idferente, cambiando con el tiempo sin advertir cómo quedaban atrás los sucesos, cuyo recuerdo se borra antes de precisarse entre los inmutables muebles de la casa, mientras admira la seguridad con que Esteban las conduce hacia el convento por esos nuevos caminos con tantos camiones, sentada junto a esa cantdad de cámaras y aparatos que él trajo.
---¡Qué bonitas calles! ¡Y cuántos árboles! Hasta pájaros que cantan todavía. Deberías ocuparte un poco más de tus viejas tías y sacarlas a pasear de vez en cuando, Esteban ---dice la tía Eugenia, contenta por el aspecto de Esteban y la manera en que se ha vestido para la primera comunión.
Esteban sonríe. Nunca ha podido dejar de admirar el tono con que su tía Eugenia se burla del mundo; nunca ha dejado de conmoverse ante la forma con que su tía Delia se entrega al mundo. Están entre jardines y altas bardas, por calles estrechas y empedradas. A esa hora de la mañana, la vida parece contener todavía aliento, detenida entre la soledad de los jardines, flotando sin meta, quieta y sosegada, antes de reiniciar su despliegue en otro lado, donde, prisioneros de ella, nadi advertrá su avance. No se está yendo a ningún lado y resulta absurdo llegar. Sin embargo, hay una ligera ansiedad, disimulada de modo distinto, en las dos tías. Siempre se sale al encuentro de algo. En esos sobrinos inmediatos y distantes que hacen la primera comunión se encierra y se muestra un mundo que no ha terminado de alejarse nunca y que las confirma y repite en antiguas convicciones y respetados temores. Para Esteban, en cambio, es una pausa. El espectáculo se representa ahora afuera. Basta con tomar fotografías. Su tía Eugenia estará orgullosa de él y a él le gusta complacerla.
Frente al convento hay una hilera de automóviles. Todo ocurre más lentamente que en cualqueir otro sitio detrás de esa barda sobre

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