el automóvil. Tantas oportunidades que no le interesaban. Nada más una manera de epserar en tanto María Inés estaba lejos y debería regresar a ocupar su lugar en el coche. Sin embargo, una inesperada posibilida surgía de allí. Evodio había leído en efecto que se podía seguir un curso por correspondencia para llega a ser camarógrafo. La información le fue tan ajena como cualquier otra. O quizá no. Hay una memoria que no revela los motivos por los que se conserva. A través de ella podía ser distino de lo que enseñaba el uniforme. En cualquier forma, Evodio había hablado de algo que ahora ya era un proyecto. Ante Adela y su madre, Irene palacios lo ha´bia escuchado y él entraba a la ligera diferencia que advertía como alguien diferente también.
No empezó a verla a solas, aunque irene siguió yendo a la casa con Adela, hasta que le llegaron los primeros papeles del curso por correspondencia y consiguió entablar una cierta relación de amistad no con ningún camarógrafo pero sí con algunos ayudantes de cámara, encargados de la escenografía y utileros. Era casi imposible unir los primeros voluminosos, espectaculares sobres llegados de ninguna parte con la gente que Evodio trataba en los pasillos primeor y luego en el café de los estudios de televisión. A solas, leía; con sus nuevos conocidos, escuchaba; pero el centro tenía otra naturaleza que cualquiera de los extremos. Sólo así Evodio podía haber hecho los movimientos indispensables. No era él; él estaba ausente. Con el uniforme, entrando a sí mismo, miraba a María Inés, la esperaba; pero la esperaba leyendo sus manuales y entonces veía la imagen de Irene, una imagen imprecisa a la que, no obstante, deseaba llegar.
Había transcurrido mucho tiempo cuando fue a buscarla a la casa de ella uno de sus días libres Lo pasaron a la sala, como si lo esperaran. Irene vivía con sus padres y varios hermanos menores. Era normal, como Adela, con una discreta juventud que podía versecomo belleza, más joven que la hermana de Evodio. Aceptó salir a tomar un café con él. Se hicieron novios. Luego Evodio la llevaba con sus nuevos conocidos de la televisión. Un amor sin olores, con seguridad. Se citaban en casa de Irene, iban al cine, Evodio cenaba con la familia de ella. La deseaba siempre, pero Irene era virgen y había que cuidarse; sólo podía tocarla, sin límites. E Irene lo admiraba y lo quería. Evodio estaba a gusto en la casa de ella e imaginaba un futuro. Algún día viviría lejos, con Irene, después de ocuparse de las cámaras. Luego regresaba a su casa en camión, muy noche ya, aprovechando el último viaje. La ciudad estaba en silencio y las calles vacías. Pero al llegar a su casa el uniforme doblado lo esperaba en la silla, junto a su cama, en el cuarto donde desde la boda de Sereno
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