nados. En cambio, no tengo ni el más remoto contacto con esta María Inés sobre la que me escribes y que según tú es Mariana. No es imposible; pero admitirás que por lo menos es bastante improbable. Al no tener contacto con ella es natural, aunque no lógico, porque sé que al menos estás de acuerdo conmigo en que lo natural no siempre es lógico, que tampoco conozca a su afortunado marido, ese fantasmal José Ignacio Gozaga del que te dignas hacerme una tan minuciosa descripción. Y debo confesar que siento no haber tenido la oportunidad de admirar a los dos hijos que mencionas.
¡La impersonalidad de los pronombres personales! Digo ella y para mí es tu inexistente Marí Inés y en ese ella, para ti, está encerrada tal vez también Mariana. No soporto la imprecisión de la trama. Dentro de ese plano preferiría que no hubiese ninguna. ¿En dónde nos movemos, hacia dónde vamos? ¿Te es posible vernos a ti y a mí hace tantos años en el jardín de casa de mi madre? La jacaranda estaba florecida. El puro estallido morado que siempre nos fascinó y siempre esperamos como una misteriosa comprobación de que el tiempo se movía para regresar al mismo lugar. Una comprobación banal y por lo demás falsa. No obstante, no es mentira que nuestra incomprobable complicidad nos hacía uno solo. Siempre te recuerdo hablando con mi madre y conmigo pensando que, por lo que decías, ella ---mi madre, mi única e intrasnferible madre--- debería desear que su hijo fueras tú, siempre me recuerdo conversando con tus padres y me atrevería a proferir la arriesgada afirmación de que ellos hubieran querido que su hijo fuera yo. Después, a solas, tú y yo, no nos preocupábamos en lo absoluto de eso. Demasiado inmersos en la sucesión de los días y los meses para reparar en nuestras semejantes diferencias. No hay semejanza, Esteban, no hay diferencia. ¿Te acuerdas a la salida de la escuela? Una vez, en el camión, tú te pusiste detrás de una señora. Yo te veía. Al dejar el camión lo comentamos Los dos estábamos excitados. Pero Mariana...
Estarás de acuerdo en que de pronto Mariana se ve muy joven. A lo más una adolescente. Esa impresión se borra en seguida. no deja de verse joven; pero simultáneamente es otra cosas. Mientras estábamos sentados en el sofá en un momento dado Mariana se quedó muy quieta con un brazo extendido a lo largo de la pierna, un cigarrillo en la mano y la mirada perdida hacia adelante, sin ver nada, a ninguan de las personas que bailaban o hablaban formando en el enrarecido ambiente de la reunión. Pensativa. Mariana pensativa. Ese pensativa, mucho me temo,c onsiste en no pensar. Había subido la otra pierna al sofá y se sentaba sobre ella. En seguida se levantó a
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