Friday, August 17, 2012

17 de agosto de 2012

somera explicación recordatoria. Aceptó verme al día siguiente, por la tarde, no en un bar como yo le sugerí, pensando con justicia que le correspondía más a su descuidada elegancia, sino en un café.
Por la mañana, mientras llegaba el momento en que consideraba oportuno comunicarme con ella, había anotado en mi diario mi segura esperanza de que llegaría a acostarse con migo. Este diario, que ocupa ya muchas libretas, yace en el fondo de una caja junto con otros poapeles personales. Ya no lo llevaré más. Está concluido, Kaput, como mi vida. Nunca te había hablado de él. Me ha acompañado, me ha servido de testigo, desde los once años. En sus páginas anoté, con mi letra de entonces, cómo te admiraba a distancia en la escuela. Allí está, inmóvil para siempre, la fecha del primer día que nos hablamos y minuciosamente descrito el comienzo de nuestra amistad. En cambio, el diario estaba ya en el fondo de esa caja depositada en mi antiguo cuarto en la casa de mi madre, la última noche que te vi.
¡Cuántas cosas forman y deforman la vida! Si alguien repasara esas páginas hallaría que en ellas se confunden y se borran, anulándose entre sí, la verdad y la mentira y por eso, finalmente, nada es. Testimonios de una persona en los que estorba, interviniendo falseando, tergiversando, la persona. Para que esa persona deje de estorbar y aparezca la vida el único recurso legítimo es el silencio. Pero entonces, ¿quién va a ser testigo de la vida, cómo va a poder reconcerse a sí misma sin esa falsa detención en la que no puede mostrarse porque la detención la contraría? Si sólo existe la inmovilidad, ésa es la de la muerte y todo es vacuidad. Por eso estoy aquí. ¿Será cierto?
Para beneficio tuyo, quisiera rememorar mi primera impresión de Mariana, la imagen intocada por ltodo conocimiento posterior, de la que no importa si fue confirmada o contradicha por lo que viene después, imagen sin verdad ni mentira que no permanece ni dura, pero a la que nada puede tocar y por eso permanece y dura, como diría Quevedo, pues sólo lo fugaz... Deduje por su apariencia, por su conducta, por su belleza que Mariana, a pesar suyo, se conservaba secreta para sí misma. Ella vivía y por tanto se movía en un mundo determinado. Pero lo imporptante es su incapacidad de pertenecer. Seguramente, como todos, pretendía imponerse, cambiar el mundo. Es lo que conlleva en sí el convencimiento de que se posee una voluntad. Pero la misma gente entre la que vive y se desplaza le permite no conservarse sino permanecer intocada. Ella tiene una seguridad, cree ir hacia algún lado y supone que llegará a ese lado porque se lo ha propuesto. Por eso es amiga de Horacio Peña y llegó

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