Thursday, August 2, 2012

2 de agosto de 2012

ble densidad de los sueños. Evodio empezaba la noche sin hablar, despojado ya del uniforme, sentado junto a Aurora, con las largas piernas extendidas y los brazos cruzados sobre el pecho. Ella tenía ya una televisión y tampoco hablaba nunca. Luego entraba Jacinto, que ahora tenía que tomar un camión para llegar a su nueva casa; después Adela, siempre sola, mirando a Evodio, a punto de hablarle, con una expresión apenas ansiosa, que él no advertía, y sin llegar a decirle nada nunca; el último era Sereno, pero conforme pasó el tiempo, Jacinto se retrasaba más que nadie. Algunas noches, en silencio, como si saliera de su sueños o entrara a ellos, Evodio lograba escucharlo entrar trastabillando. Pero siempre se quedó quieto en su cama, consciente de que Sereno no había despertado.
Nadie se sintió a sus anchas en la boda de Sereno. La novia ya había ido a la casa, los padres ya habían ido a la casa; la familia de él ya había ido a la casa de ella, pero nadie se sintió a sus anchas. Sereno se iba, de otra manera que Ernesto y Ricardo, pero se iba. Y se fue, mucho más que definitivamente. La única que lo veía de vez en cuando para hablar en verdad con él era Adela; sin embargo, sin decírselo, Evodio también recordaba la biblioteca y hubiera querido estar cerca de su esposa, contearle de los hermanos a los que no conoció de una manera distinta de lo que quizá lo haría Sereno, decirle cómo eran sus padres, recordar para ella que Sereno y Adela lo guiaron la primera vez que fue a la escuela. La esposa no era más alta que Sereno y también usaba lentes.
Adela trabajaba ya y una tarde, al regresar Evodio, la encontró con una compañera: Irene Palacios. En vez de la oscuridad de Carmela, una sencilla transparencia. Su tono de voz era más claro y hablaba de un modo distinto. Se vestía con el mismo tipo de ropa que Adela usaba ahora y tenía una figura parecida a la suya. Al verla, Evodio se avergozó de su uniforme. Eso era nuevo. La muchacha no parecía reparar en él; fue Evodio el que permaneció en el cuarto junto a Aurora, fingiendo una indiferencia que no sentía ante la súbita irrupción de alguien que podía ser Adela pero no era Adela, cuya procedencia le era desconocido y no podía situar. No había ningún misterio, sólo tal vez la ligera diferencia en una forma conocida de atractivo; pero de pronto Evodio también quería ser diferente. Entonces Adela hizo que él entrara a la conversación preguntándole por su trabajo. Evodio se sorprendió respondiendo que eso no importaba y luego empezó a hablar de la televisión y terminó comentando que él iba a ser camarógrafo.
El sitio al que se quiere llegar es siempre otro. Ahora Evodio leía continuamente revistas técnicas de todo tipo mientras esperaba en

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