Sunday, August 12, 2012

12 de agosto de 2012

tiempo sin medida o sin tiempo, igual que sin saberlo, al contemplarlo uno quiere entrar a un cuadro, ser parte de él, aunque el mismo cuadro lo expulse, porque su representación está desprovista de toda psicología y allí se sería un intruso. ¿Te ha pasado? A mí con particular intensidad ante un mismo cuadro siempre, un Memling, Las bodas de Santa Catalina que está en el Metropolitan Museum de Nueva York. Ese momento de suprema belleza en que ella recibe el anillo que la une para siempre al espíritu. Quizá lo intolerable de la realidad es que es mucho más torpe que la pintura. Se tienen que realizar acciones prácticas, dirigidas hacia un fin concreto y uno abomina lo práctico y lo concreto. hay que estar como muerto en la vida, tal como ocurre en la pintura.
¿Adviertes la bajeza de lo cotidiano? Era una reunión, había otros invitados, y recurriendo a todo tipo de subterfugios viles conseguí finalmente estar al lado de Mariana. Túc conoces su voz. Me fascinó de inmediato porque me fue repulsiva. El primer impulso ante un contacto directo es siempre apartarse. Ella iba a hablar, estaba hablando ya de lo que se habla en las reuniones. Si continuaba a su lado iba a conocer su historia. No la sé, nunca la supe. Recuerdo que esa primera ocasión, ineseperadamente, estábamos solos. Quizá no es cierto. Invento, compongo la escena. Lo que no se puede negar es que en un momento dado estaba bailando con ella. Pero no bailábamos, más que bailar le hablé, hablamos. Tenía, sí, su espalda contra la palma de mi mano. Mis dedos deberían extenderse por esa superficie desconocida, pero no estaba atento a mis dedos, más que ahora, en el recuerdo. Reconstruir una escena es odioso. Mi único placer es la turbación que debo estar provocando en ti, en este instante, mientras lees, que ya no es el instante en que escribo y sin empargo es el mismo.
Esto ya no pertenece a ningún tiempo, es abstracto y resulta más fácil mencionarlo. Sostuvimos una conversación ---nunca sé cuando una conversación es un diálogo y cuándo dos monólogos en los que lo raro es que lo que uno dice se dirige al otro y lo que el otro dice a su vez está encaminado a impresionarlo a uno, como si hubiera un uno y un otro--- en la que yo recurrí a dos viejas y permanentes pasiones: Blake y Dante Gabriel Rossetti. Es imperdonable usar la poesía para eso y sin embargo, quizá la poesía sólo es para eso. Con esos ejemplos, claro, el tema fue la alucinación y la decadencia. Todo es alucinación y todo es decadencia. Es una alucinación suponerse Dante porque se lleva el mismo nombre y por eso se es decadente. Pero ¿qué importa ahora?
La cultura de Mariana es francesa. Alucinación y decadencia.

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